lunes, 16 de enero de 2012

"Helioterapia"

Historia y personajes:
Hipócrates, padre de la medicina y referencia obligada siempre que se habla de medicina natural, explica los beneficios que proporciona el sol en un cuerpo enfermo. En el siglo X, Avicena proclama en su canon Medicinae la utilidad curativa de medios naturales, como el sol, el agua y el aire libre. Pero quien realmente confiere a la Helioterapia (curación por el sol) un rango importante fue el suizo Arnold Rikli (1823-1906), un tintorero de Berna que consigue que la medicina ofial de la época tenga que reconocer que la acción del sol destruye bacterias perjudiciales para la salud, aumenta la resistencia orgánica y es de gran utilidad para padecimientos tales como el raquitismo, tuberculosis ósea, artropatías, hipertensión, trastornos glandulares y nerviosos, enfermedades de la mujer y obesidad, entre otras muchas cosas.
En cualquier caso, como cualquier otra terapia, el sol puede dar la vida pero también puede quitarla. La justa medida es la que conduce a la salud, de manera que si bien es cierto que es absolutamente patológico no tomar nunca el sol no lo es menos el tomarlo en exceso. El sol atesora un enorme poder que puede resultar excesivo si no se toma de una manera prudente y progresiva.
El sol, la más barata de las medicinas.
En cada época del año el sol tiene un diferente poder de actuación debido a su mayor o menos proximidad con respecto a la tierra, por lo que el periodo inicial para hacer una cura con sol o helioterapia, debe oscilar entre 5 ó 10 minutos para las primeras exposiciones. Nunca deben tomarse los baños de sol cuando éste se encuentra en todo su esplendor, a mediodía, porque los rayos inciden sobre el cuerpo verticalmente y su desmesurado poder llega a causar graves quemaduras a quienes no están habituados. Son las primeras horas de la mañana, cuando el cegador podería del astro rey no ha llegado a cobrar toda su fuerza, o las del atardecer cuando los rayos solares adquieren carácter de suave caricia, los mejores momentos para hacer acopio de las más barata de las medicinas.

La mejor manera para acumular esta fuente de salud no es tumbándose y permaneciendo quieto sino dejar que los rayos del sol nos acaricien mientras jugamos, caminamos o hacemos un poco de ejercicío, por supuesto lo más ligeros posible de ropa, a poder ser desnudos, para que no haya barreras entre nuestro cuerpo y los beneficios de la helioterapia.
Después de los primeros días se debe ir ampliando el tiempo de la exposición paulatinamente hasta llegar a 60 minutos, periodo que debe considerarse el máximo aconsejable.
No es recomendable recibir los baños de sol hasta que haya transcurrido una hora desde que se ha comido, ni se debe comer hasta que hata pasado el mismo tiempo desde que se ha tomado "la medicina solar".
El sol es fuente de rayos infrarrojos (como cualquier calor) y sus efectos se manifiestan sobre la piel haciendo que transpire o enrojezca. La exposición, por tanto, al calor del sol hará que los rayos infrarrojos produzcan una influencia beneficiosa en casos de mala circulación, espasmos y algias. Son muy recomendables para las personas que padecen de reuma, artritis, neuritis, y afecciones renales.
En general, los rayos solares van a ejercer sobre nuestro organismo una serie de beneficios, a condición de que nos atengamos a las reglas del juego y seamos conscientes de que "estamos jugando con fuego".
Si lo hacemos así, conseguiremos:
-Intensificar la asimilación del oxígeno por los glóbulos blancos o hematíes.
-Combatir el raquitismo al propiciar la transformación de la pro-vitamina D en Vitamina D, gracias a la exposición solar.
-Beneficiarnos del poderoso poder sedante que se produce al actuar los rayos solares sobre ls terminaciones nerviosas y sensitivas de la epidermis.
-Mejorar la circulación sanguinea, especialmente en estados hipertensos al dilatar los capilares.
-Luchar contra gérmenes nocivos gracias a su alto poder microbicida.
-Mejorar los estados arterioscleróticos, con la mejor de la circulación sanguínea.
-Cooperar a la disminución del índice de glucosa de los diabéticos.
-Estimular el apetito.
-Ayudar en la lucha contra la obesidad porque una mejor circulación y el calor derriten literalmente la grasa.
-Colaborar en la mejora de una serie de dolencias merced de la riqueza de radiaciones de corta longitud de onda ultravioletas.
-Hacer que se logre un óptimo estado general del organismo y "cuando mejora el todo, mejoran las partes".